Es muy posible que, si no estuviéramos hablando de un grupo como My Morning Jacket, este disco lo podría haber valorado de otra manera, con otra predisposición, incluso, pero no. Me temo que se trata de un disco de My Morning Jacket y como tal debe ser valorado.
Lo primero que cabe decir de “Is” es que no está a la altura. Y no lo está porque a los grandes grupos -y MMJ lo son- se les presupone una obligación por avanzar; por dar con algo inesperado; por crear discos que suban un peldaño en el devenir de su carrera y este… No sube ni al primer piso. Este suena a empalagoso refrito de todo lo que se ha hecho con anterioridad. Un refrito con aceite usado -muy usado- que puede dar el pego si lo analizas de forma individual y desgajada, pero que desfallece en el conjunto.
“Is” tiene canciones con la suficiente carga de ADN de la banda para quedar disimuladas del todo en su set-list y eso no es discutible. Como tampoco lo es que el disco, como obra completa y valorada como un todo, no aporta nada. Las escuchas son resultonas, incluso placenteras, pero la sensación que prevalece es la de un álbum de descartes y no el de una obra con enjundia. Y es una pena. Puede que parte de culpa la tenga el haberse abandonado en los brazos de un productor como Brendan O’ Brien (Pearl Jam, Aeorsmith, Limp Bizki). Profesional contrastado que siempre le ha interesado más por niquelar el sonido, que en chinchar para provocar una salida abrupta de esa zona de confort en la que muchos creadores se acaban instalando por la inercia de los años. Por eso, y por la necesidad humana de nutrir la cuenta corriente, parece que a Jim James ya le ha venido bien esta colaboración. Porque de lo contrario hubieran buscado alguien con el perfil de John Leckie (Radiohead, The Fall, Muse). Productor que ya demostró en “Z” cómo podía llevar a la banda a un zénit que ahora añoramos como oyentes.
Aún así, si eres de los que no han seguido la trayectoria del grupo y es la primera vez que los escuchas en tu reproductor, es posible que caigas rendido a la efectividad sonora de temas con el ritmo desenfadado y trotón de “Lemme Know” porque da el pego. Es más que probable que singles como “Time Waited” o “Half A Lifetime” te generen el suficiente nivel de endomorfinas para ser disfrutados, aunque su epopeya sonora se quede en zapatilla de andar por casa. Al igual que sucede con el riff cortante de “Squig Ink”, un tema que va de malote y no asusta ni a una anciana. Todo es demasiado blanco. Demasiado profesional y con mucha inercia.
“Is” resulta un intento fallido por mantener e incluso agrandar el estatus de la banda en base a sonar tan previsibles como falsamente amenazadores. Una nueva demostración de que cualquier tiempo pasado fue mejor y que ha llegado ese momento autocomplaciente de pasearse de forma más que solvente por los diferentes festivales del planeta y hacer una merecida caja. Pero la pregunta que nos planteanmos, al igual que lo hicimos con Pearl Jam, R.E:M. o Wilco, es ¿Volverán a encontrar su senda más artística y diferencial en el futuro? ¿Un nuevo rumbo? Lo cierto es que resulta difícil si lo que se impone es el acomodo en una fórmula que por conocida empieza a sonar manida.
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