Resulta francamente sorprendente repasar a estas alturas la carrera de Neil Diamond y caer en la cuenta de que ninguno de sus trabajos posteriores a “Beatiful Noise” (publicado en 1976) merece demasiada atención. Aunque las ventas acompañaron a “The Jazz Singer” y a “Heartlight”, pocos motivos había ahí para reivindicarle. Han pasado treinta años y es muy probable que de no ser por el empujón que le ha procurado la implicación de Rick Rubin en su resucitación, seguiríamos muy tranquilos pensando que lo mejor de su carrera puede encontrarse en cualquiera de sus recopilatorios de hits o en “Just For You” (recuerden, se abría con “Girl, You´ll Be A Woman Now” e incluía “Solitary Man”). Lo meloso de las producciones de sus discos y ese “Sweet Caroline” que tanto gustó a nuestras mamás nos lo hizo pasar por alto. Ahora, vuelve con la voz más rasposa, convertido casi en un folk singer y con ganas de ser el mismo. No consigue los resultados de Johnny Cash, pero por lo menos iguala el reivindicado retorno de Kris Kristofferson. Sus canciones parecen gustar más cuanto más desnudas, su voz se infiltra mejor en los poros, los arreglos horteras de los últimos años desaparecen y ni siquiera un desquiciado Brian Wilson consigue cargarse la segunda versión de “Delirious Love” del todo (su colaboración juntos aparece como tema extra). Solamente por “Hell Yeah” y “Man Of God” ya merece la pena haberle recuperado.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.