Rafael Berrio: Pedir la luna entre sueños y espejismos berrianescos
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Rafael Berrio: Pedir la luna entre sueños y espejismos berrianescos

Javier Corral “Jerry” — 31-03-2025

Un doble CD ("No es para menos" - Canciones inéditas 1984-2019) rescata 47 inéditas que abarcan distintas etapas del músico donostiarra Rafael Berrio.

Fallecido hace ahora un lustro, Rafa Berrio, ¡el gran Rafael Berrio!, resucita discográficamente gracias a "No es para menos", un doble cd que contiene más de la mitad del tesoro encontrado entre sus grabaciones caseras, seleccionadas y diseñadas por Cheli Lanzagorta y Joserra Senperena, sospechosos habituales de su arte y canto. No sé si una calle, avenida o callejón, pero Rafa, como Valle Inclán o Berlanga, se ha ganado el derecho a adjetivar su nombre. Quizá fuese el mejor regalo a su vértice coqueto, letraherido y socarrón, berrianesco en definitiva, como también a sus fieles, siempre escasos pero distinguidos. Brindemos con vino de Oporto por todo ello.

Cuarenta y siete canciones son muchas canciones. Si llevan la firma de Rafael Berrio, más. Su archivo de inéditas alcanzaba hasta las ochenta y cuatro, lo cual ocuparía otro volumen, si se diera el caso. De primera es muy de agradecer el laborioso trabajo de selección y producción del doble CD. Pero también inmediatamente surge la duda de si todas merecerán la exposición pública, si están al nivel de alguien que marcó cimas en la composición del rock de autor en castellano, muy por encima de algunos otros que gozan de fama, e incluso prestigio crítico, y al menos en el mismo panteón de unos pocos indiscutibles. Una vez escuchado el memorándum, un primer dictamen, o si se quiere lo dejamos sólo en una primera impresión, es que muchas de ellas habrían necesitado de otra vuelta de tuerca, de otra revisión por parte del maestro. Es decir, más o menos lo esperado en una caso como éste. Poco importa, cuando la veta es la que es. Parafraseando al propio Berrio: "Y qué mejor lugar para pedir la luna mismo que este sueño, este espejismo al sur de ningún lugar en esta isla imaginaria república corsaria donde el tiempo es un capricho y se detiene y vuelve atrás".

Se cumple el día que escribo esto cinco años exactos sin Rafa. Probablemente ese tiempo le habría dado para un par de álbumes de los suyos, de esos a los que nos malacostumbró desde 2010, cuando ya se dedicaba en cuerpo y alma a su talento en nombre propio. Ay! qué tristeza es añorar la obra y la persona! Pero no vayamos por ahí, por el bien propio y por el de quien esto lee, y centrémonos en el caudal y festín ofrecidos. Otros dos donostirras ilustres, Cheli Lanzagorta y Joserra Senperena, colaboradores habituales desde los inicios en aquel primerizo y original Donosti Sound, han sido los encargados de diseñar y producir la edición, con otro ilustre, Ricardo Aldarondo, encargado junto a su hermano mayor Iñaki Berrio, (conocido en aquellos días como William Ex, quien le escribe al principio las letras y le introduce en las luces y sombras de la bohemia), de los escritos de un libreto de 48 páginas que incluye igualmente créditos y textos. También hay que acordarse de su compañera en las dos últimas décadas Gema Amiama, quien cedió su ordenador portátil con cientos de audios digitales registrados con grabadora de mano, y del también histórico Jean Phocas, en la restauración y masterización de los audios, provenientes de distintos formatos y épocas.

Toda una vida musical recogida, y en cierto modo desechada o aparcada, que abarca desde 1984 en los finales de UHF, hasta que no pudo más, en 2018. De esta manera, la primera parte atiende al título de "Adiós, hola y adiós", veintiún canciones terminadas con banda, que se detienen en 1992, dos años antes de que ya publicase su primer álbum con Amor a Traición. Es Rafa en sus años tiernos, urgentes, imperiosos, urbanitas, lascivos, bohemios...e injustamente ignorados (inadvertidos). No podía empezar mejor con títulos tan ad hoc como "Candy dice" (Lou Reed, luego todos los Loureeds, pero aquí el de los 70, sobre todo) o "Amor A Traición", nombre de la banda que en realidad le dió una primera notoriedad, y que se sitúa en ese mundo de chulos, cuero latente y lujurias. "Héroes del Báltico", con la ayuda de su hermano, ya le mostraba narrativo en un medio tiempo romántico y eléctrico. Una sensación que se amplía líricamente en "Bienvenida al barrio", donde se divisa en ciernes el Berrio hecho y maduro, como en la más dura y áspera "Buchenhain" o en la pianística, cuasi cabaretera, cuasi "Coney island baby" y estupenda "Dame esperanzas", con ese mezcla de amor y humor tan berrianesca. ("Ya es hora de cambiar de tema, yo no creo en la superstición, dices que Marte ha entrado en Acuario y que Venus no se opone al sol. Pues bien, baja a la tierra y mira este pobre corazón en ruinas que ofrezco por calmar su gran dolor. Si sabes que me tienes en vilo por qué me dices sí cariño cuando a cualquier canalla —no estoy haciendo un drama— tratarías mejor que a mí. Por qué no hacemos un pacto en la cama y yo me dejo hacer la carta astral en Escorpión, mejor podemos pintar en tu pecho el zodiaco en el carmín con que firmas tu amor").

"A quién le importa el qué dirán" me trae a la memoria aquel día en que me soltó: "en la radio no me llames Rafa, soy Rafael". "Si no fuera porque ya está cogido, deberías ponerlo con ph", repliqué en broma. Pues este es su "Digan lo que digan", donde se revela contra las habladurías de esas "pequeñas ciudades y sus medias verdades". Todo este ciclo nos lo recupera en un estado prometedor, un aprendiez de artista, un esbozo de genio, que procede claramente del rock de guitarras, pero que ya anda buscando un territorio propio, distante con los vaivenes y tendencias de los 80 y principios de los 90, más allá de la rabia apremiante del punk y el frescor maleable del primer new wave, y que ya siembra una fraseología única en un mundo que, por lo general, miraba más a la descarga de electricidad que al distingo lilterario. Hay también esos apuntes de ironía burlona que supera el rencor social ("cuando te crías en un barrio obrero, no imaginas que la gente de centro lleva sombrero") y que le hacían tan suyo, o esos ecos a la facundia dylaniana que ni por asomo igualarán los sabinas resultones y los exitosos del ripio. ("Hemos viajado sin descanso por este gran país como frailes de provincia. Pero yo no abuso de la virtud al uso ni de la mística a la moda porque siempre es vigilia. Cuando vi levantarse a un compañero y le vi partir en dos su ruego, liar la manta y volar. Yo supe que estaba en el lado malo en el gallinero del gran teatro, así que volé a platea detrás").

La segunda parte, el segundo Cd, es otra cantar. "Cabaret utopía" se nutre de apuntes y demos rescatadas de su intimidad en distintas épocas. Es como si se nos concediera la oportunidad de mirar por un agujerito el proceso de trabajo del músico y entraramos en su habitación. Son composiciones tocadas con una guitarra eléctrica, rasgada una veces, muchas otras al modo de una acústica, más o menos estructuradas en ese forma de canción que dominaba como nadie, pero aún sin redondear con arreglos y concienzudas y precisas revisiones. Incluso a veces se han dejado sus propios comentarios a modo de notas de grabación, mientras algunas se reformaron parcialmente con posterioridad en nuevos temas publicados. "Si alguien me diera una pista", por ejemplo, se sitúa en un plano similar al Reed de "The blue mask", asumiendo que los años no pasan en balde. "Mañana sol" nos muestra y demuestra que la crítica social sabe mucho mejor con ingenio. "Los analistas auguran bonanza y crecimiento sostenido, la autopsia realizada al líder octogenario del partido revela restos de formol, mañana sol", mientras "Remonta el río" se reconvertiría más tarde en la excelsa "Arcadia en flor", y "Se les nota en la mirada" reflexiona sobre las elecciones de la vida, apocadas o atrevidas. ("He aquí un hombre adaptado, más allá otro hombre aniquilado. Algunos caminan por la línea acertada, mientras otros disfrutan de una vida equivocada y se les nota en la mirada").

Evidentemente no en todos los casos habrían pasado la criba definitiva de un autor siempre exigente, como no podría ser de otra manera, pero sirve también como descubrimiento, reconocimiento y constatación de que las canciones, las buenas canciones, como obra literaria y musical, viven su propio curso y mecanismo. Que a veces una frase de uno solo alimenta más que la cháchara incesante y vacía de tantos. ("Lo que importa es lo que amamos porque la vida es corta y lo olvidamos, y lo olvidamos"), o que la primera chispa surge en un único instante que parece un instante único. ("En el curso de un día se pone el pie en la luna, se escribe una obertura, se cruza el Rubicón, se arrasa con Bizancio, se esboza una Gioconda, se engendra un Mesías, se da muerte a un dragón En el curso de un día"). Paradojas de la vida, a veces son necesarios infinitos días y noches para atisbar un olvido.

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