Charlamos con el director Nacho Vigalondo con motivo de 'Daniela Forever', su nueva película
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Charlamos con el director Nacho Vigalondo con motivo de 'Daniela Forever', su nueva película

Fran González — 26-02-2025
Fotografía — Archivo

A pesar de estar acostumbrados a su subversiva narrativa, a caballo entre lo absurdo, el post-humor, la ciencia-ficción y la emoción más súbita, Nacho Vigalondo siempre consigue colarnos goles por donde menos lo esperamos.

El cineasta que se nos declaró cantando con explosivos atados al torso, que nos hizo viajar en el tiempo, que logró que Julián Villagrán nos salvara de una invasión extraterrestre y que convirtió a Anne Hathaway en la protagonista de un kaiju moderno, regresa esta vez con “Daniela Forever” para darnos a probar una nueva dosis de su incontrolable surrealismo y su capacidad para ponernos contra las cuerdas de lo ético.

Partiendo de la apariencia de un drama sentimental al uso, firmado con las voces de un elenco de altura (Henry Golding, Beatrice Grannò, Aura Garrido, Nathalie Poza, Rubén Ochandiano, Rocío Saiz, Pilar Bergés), el de Cabezón de la Sal nos traslada hacia dilemas que no veremos venir, dejando caer sobre el espectador una incómoda empatía con el protagonista del relato a partir de numerosas cuestiones. Solo en nuestro fuero interior nos atreveremos a dilucidar qué haríamos si estuviéramos en la situación de Nicolás (Golding), quien tras perder al amor de su vida (Grannò) descubrirá una posible forma de sanar su dolor a través de la ciencia más distópica.

Desde su habitación de hotel en Pontevedra, horas antes de figurar en la gala de los Premios Feroz 2025, el director nos recibe para charlar sobre su regreso a la pantalla grande (tras los ocho años que nos separan de “Colossal”, su última cinta) y de otros proyectos suyos que también verán la luz este año.

¿Qué situación personal te empujó a construir una historia como la de “Daniela Forever”?
La historia parte de una evidente situación de duelo personal, gracias a la cual también he terminado ganando conciencia sobre mi propia mortalidad. Lo que tiene este sentimiento, tan inherente a todos, es que cuando se da de una forma tan fuerte, capaz de despedazarte de tal manera por dentro, nos hace desarrollar pensamientos muy victimistas y egoístas. De repente focalizas el dolor en ti y deseas que aquello no te esté ocurriendo. Son lugares comunes donde quien más y quien menos termina por fantasear con la hipotética existencia de ciertos mecanismos que nos permitan revertir tales tragedias. Un estado que cualquier psicólogo te dirá que se aproxima bastante a la enajenación transitoria. De hecho, considero el duelo como una forma muy particular de hacer turismo por la locura, pues el tipo de pensamientos y alucinaciones que llegas a tener durante un periodo como ese pueden realmente hacerte creer que, efectivamente, has perdido la cabeza.

“Siempre me planteo cada película como si fuera la última”

Encuentro bastante arriesgado ofrecernos un protagonista como Nicolás, considerando la deriva tan oscura del personaje.
Me interesa mucho la forma en la que Nicolás evoluciona a lo largo de la película. Comenzamos viéndole como una persona positiva, pero a medida que la historia avanza, este termina por revelarnos todas sus grietas, convirtiéndose en una suerte de antagonista con el que el espectador no querrá empatizar. Pero aun así, lo hará. Algo me dice que cualquiera de nosotros, si tuviera la oportunidad de convertirse en una especie de demiurgo de su vida y de la de quienes le rodean, no sería mucho mejor que él. Por supuesto, sé que esta clase de giros narrativos son peligrosos, pues nadie quiere verse reflejado en un protagonista imperfecto, pero para mí son este tipo de trucos definitivos los que hacen que una película trascienda y merezca la pena.

La situación que nos planteas recuerda un poco al trío amoroso de “Extraterrestre” y de cómo el personaje termina dándose cuenta de que no está donde le toca.
Van por ahí los tiros, sí. Nicolás se da cuenta de repente de que él no es exactamente el protagonista de la historia, sino un secundario que encima, está de más. Hay algo muy humanamente imperfecto en él cuando toma conciencia de todo esto, evidenciando sus celos y su lado más oscuro. Todos nos hemos sentido alguna vez así, como si nos hubiéramos colado en una fiesta en la que nadie nos ha invitado y tuviéramos que salir de ahí con la máxima dignidad posible. La película nos da la oportunidad de juzgar al personaje, pero a más de uno le aterrará pensar en lo que haría si estuviera en los zapatos de Nicolás.

La pareja protagonista es extranjera, sin embargo la acción transcurre en Madrid.
Originalmente, la historia que escribí era mucho más abstracta y no transcurría ni en España ni en Madrid. Pero ya sabes, por circunstancias diversas, me recomendaron que filmáramos aquí, tirando de planos exteriores muy neutros que hicieran creer al espectador que Madrid podía parecer una Londres o una Nueva York cualquiera. Obviamente, me negué en rotundo a ello ya que me parecía caer en una encrucijada muy impersonal. Ante esta situación, decidí regresar al guion y me propuse resituar la acción en una ciudad más auténtica, reconocible y que respirase. Luché porque la película fuera lo más madrileña posible. Además, dos extranjeros perdidos en una ciudad que no es la suya me parecía la premisa más romántica posible.

Otro de los grandes riesgos de la película es la forma en la que divides la narración real de la onírica.
Te confesaré que en el guion original ponía que la realidad iba a ser en blanco y negro y las escenas oníricas en color, pero me pareció una solución aburridísima. Además, los socios estadounidenses nos dijeron que ni de coña. Mucho tendría que subir mi estatus para que me dejasen rodar en blanco y negro [risas]. Me hicieron muchas sugerencias que tampoco me terminaban de convencer, como jugar con las texturas y los colores, como en “Traffic” y tantas otras pelis. Rollo, Nueva York es azul y México es naranja, ¿sabes? Eso igual funciona cuando los entornos son visualmente opuestos, pero en este caso hablábamos de la misma ciudad, el mismo piso y los mismos personajes, así que tampoco me valía. Poco a poco me di cuenta de que si quería dejar radicalmente clara la diferencia entre realidad y fantasía, tenía que emplear incluso una materia prima diferente para filmar ambos mundos.

La verdad es que, vistas las opciones que teníais, optasteis por la mejor idea.
Cuando Jon Díez puso sobre la mesa la posibilidad de rodar con vídeo analógico, me hicieron los ojos chiribitas. Sin embargo, como dices, también era una opción arriesgada, pues después de haber logrado un elenco de actores y actrices tan top y actualizado como el que teníamos, imponerles una tecnología tan obsoleta como esa parecía un disparo en el pie en toda regla. Imagínate, las cámaras eran muy inestables y los archivos de vídeo no pesaban nada. Era todo terrorífico. Recuerdo que Jon dijo que en realidad nos daba miedo rodar en betacam porque A24 no lo había hecho todavía, y no le faltaba razón [risas]. Pero igualmente, el valor emocional que tiene para mí rodar en betacam es incalculable. Hay mogollón de decisiones dentro del film, estilísticas y narrativas, que vienen determinadas solo por el paso del betacam al digital, y eso me parece fascinante. Me ha gustado tanto la experiencia que incluso he repetido en otros proyectos que ya veréis muy pronto.

"No hay nada que desacredite más a un cineasta que verle esforzándose por adaptarse al clima del momento"

Me lo pones a huevo para que te pregunte por “Superstar”, esa serie en ciernes que se viene dentro de muy poco inspirada en el fenómeno del “Tamarismo”. Ya en “Los Felices 20”, cuando entrevistaste a Leonardo A (antes conocido como Leonardo Dantés), pudimos ver en tu cara cómo descubrías en vivo que ahí había una historia que contar.
Bueno, realmente la historia me llegó a través de los Javis. Pero sí, tan pronto como se me propuso la idea volvieron a mi cabeza esos flashes que mencionas y que tuve durante aquella entrevista. Lo vi clarísimo desde el primer momento. Y déjame decirte que quien disfrute de “Daniela Forever” y de cómo esta está contada, disfrutará mucho de “Superstar”, pues no supone en absoluto un cambio de tercio con respecto a la película, sino que habrá muchos vasos comunicantes entre ambos proyectos. Además de, por supuesto, una historia elaborada con mucho cariño y respeto hacia los involucrados, donde reivindicamos sin ironías esta parte tan brillante de nuestra cultura pop.

Fue precisamente en “Los Felices 20” donde también conociste a Carlos y Genís, aka Hidrogenesse, responsables de esa BSO tan magnética de “Daniela Forever”.
Llevo toda la vida enamorado, no solo de su música, sino de ellos. Son una banda hipnótica que cualquiera querría escuchar y admirar durante horas, y cuando les conocí en el programa traté de no ser demasiado invasivo pero no me pude resistir a terminar proponiéndoles hacer algo conmigo. Les encantó la idea y accedieron a ello tan convencidos que me pareció estar haciendo trampas. Me parecía injusto, ¿no? De repente pensé que este sueño no podía cumplirse de forma tan fácil. Les dije que me sentía como cuando David Fincher logró que Trent Reznor le hiciera la BSO de “La Red Social”. La cosa es que ha sido un absoluto lujo volver a contar con ellos esta vez después de su trabajo para “La Alarma” (“Historias para no dormir”). Son divertidísimos y te lo hacen todo fácil. Para esta película, además, quería hacer un uso muy metalingüístico de la música, donde quienes la hicieran fueran a su vez mencionados por el protagonista como uno de sus grupos favoritos. Y por supuesto, si tienes a Hidrogenesse en el equipo, ¿cómo no vas a sacarles en tu película? De hecho, ¿te imaginas que a partir de ahora les saco en todo lo que haga con ellos?

Pues miel sobre hojuelas, la verdad. La película parece, consciente o inconscientemente, un generoso recorrido por muchos de los elementos que nutren tu imaginario. No solo por la BSO de Hidrogenesse, sino también por los cameos de Paula Púa y Aníbal Gómez, o por las dedicatorias finales a quienes ya no están.
Una de dos; o son guiños a mi imaginario o es que mi imaginario tampoco da para más [risas]. Nadie es infinito y al final todos terminamos repitiéndonos como el ajo, ¿no? Supongo que este tipo de guiños que mencionas son una forma de autodeterminación, un golpe en la mesa, un “aquí estoy yo”. Pero lo que está claro es que con mi cine nunca he querido caer en esos errores tan comunes donde se repiten de forma estructurada y medida los tics de todo aquello que conscientemente se sabe que funciona y tiene éxito. No hay nada que desacredite más a un cineasta que verle esforzándose por adaptarse al clima del momento. Me horrorizaría que alguien pensase eso de mí o creyera que culebreo de formas imposibles con tal de gustar. Aunque suene un tanto mortuorio, siempre me planteo cada película como si fuera la última, y eso evidencia que mi misión aquí es otra.

En “Daniela Forever” hay también un mensaje muy interesante sobre “saber dejar ir”. ¿Te has llevado tú también esta lección tras rodar la película?
Nunca terminaré de saberlo del todo. La película comencé a escribirla en 2017, pero no la filmamos hasta 2024, con lo cual ha terminado abarcando tantas etapas de mi vida que es complicado valorar hasta qué punto me ha servido para sanar las heridas que tenía al principio y las que vinieron después. Creo que todavía estoy en proceso de descubrir si hacer esta película ha sido o no terapéutico para mí. Hacer una película propia es una experiencia maravillosa, pero en ese momento nunca sabes si estás aprendiendo algo de verdad. En ese sentido, creo que aprendemos más de las obras ajenas que de las propias, o al menos así lo siento yo. Por lo pronto, “Daniela Forever” es una historia que no solo me ha enseñado a cómo debemos enfrentarnos a la muerte, sino también al tipo de conductas necesarias para afrontar la vida. Solo el propio tiempo dirá en qué grado consigo aplicarlas a mi propia existencia.

 

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