Hoy un amigo me dijo que estamos en la cara B de nuestra vida. Creo que exageraba...
Hoy un amigo que también anda hacia la mitad de los treinta pero se empeña en vivir con las ilusiones de un adolescente, me dijo que estamos en la cara B de nuestra vida. Creo que exageraba. Al margen de que nunca sabes dónde la llevas, yo quiero pensar que si acaso estoy terminando la cara A, el single... Venía todo esto a propósito de la muerte de Andrés Montes, ya ves tú qué tontería... Luego me contaron una historia horrible sobre una pareja, amigos de unos amigos, que fueron asaltados en casa, torturados, y uno de ellos asesinado delante del otro. Algo así como "Funny Games" pero en la vida real. Tan tremendo que no puedes ni hacerte a la idea, porque nos acercamos a los actos más horribles con sensibilidad cinematográfica.
En cualquier caso el pensamiento me ha vuelto a la cabeza hace un rato, mientras escuchaba de madrugada el nuevo disco de Lisa Germano, "Magic Neighbor". Su música siempre me ha resultado maravillosa, muy extraña en su desnudez, pero es que además siempre ha tenido para mí un cierto componente mortuorio, que supongo que algo tiene que ver con un disco como "Lullaby For Liquid Pig", compuesto en una etapa de soledad absoluta, deprimida, asediada por el alcoholismo y después de haberse retirado de la música decepcionada con todo y todos. Todo eso se respira en la que fue su vuelta al mundo de los vivos en el 2003.
Este verano en Los Angeles me enseñaron la librería donde trabajaba como dependienta precisamente en aquellos, sus peores años, y tuve una extraña sensación, como si un mundo imaginario interfiriera con el real, que no es otro que el que yo piso día a día allá donde voy. Porque para mí la Germano es un hermoso misterio y de alguna forma una idealización de la mujer, una idealización de sus carencias y debilidades que es capaz de vomitar en canciones de otro mundo. Idealización tan perfecta como peligrosa.