Parece que Londres nunca hubiera terminado de recuperar el esplendor de los años del punk...
Parece que Londres nunca hubiera terminado de recuperar el esplendor de los años del punk y que su lugar en el mapa musical, de las modas y las tendencias, ha sido ocupado por otras ciudades europeas. Sin embargo, a mí nunca me ha decepcionado en las visitas que periódicamente llevo haciéndole desde hace casi veinticinco años. Incluso para un turista como yo los cambios se han hecho evidentes -poco o nada tiene que ver aquel Soho que conocí, plagado de crestas y heroinómanos, con el elegante centro comercial en el que ha terminado convirtiéndose- y los focos de interés se han ido desplazando de tal forma que uno siempre tiene la sensación de estar perdiéndose lo realmente excitante que está sucediendo en esa ciudad en ese preciso instante. Da la sensación, y posiblemente estés en lo correcto, de que no será hasta dentro de un par de temporadas que descubras el lugar en el que debías encontrarte años atrás... Pero ese lugar sigue existiendo, quién puede dudarlo
Consciente de ello, sin prisas ni presión alguna, pude disfrutar de un paseo por las clásicas tiendas de discos del Soho, tomar el metro para conocer la fantástica Rough Trade East, donde -no es un mito- los dependientes esperan deseosos intercambiar opiniones y conocimientos con sus clientes, cenar el el Chino Comunista de Chinatown , o sentirme un personaje más de Trainspotting a altas horas de la madrugada discotequeando en el Electric Ballroom de Camden, entre veinteañer@s vestidos de fin de año que a partir de la cuarta copa ruedan por el suelo como bolos mostrando sus vergüenzas sin vergüenza.
Entre medias una serie de descubrimientos sonoros: Laura Marling (por un momento pensé que se trataba de otro hallazgo arqueológico en la línea de Sybille Baier. Tal es su elegancia y clasicismo), los volúmenes "Cold Wave. Minimal Electronics" y "Minimal Wave Tapes", o las reediciones de World Domination Enterprises, o el "Homosapien" de Pete Shelley, entre otras compras. En los últimos tiempos reconozco que mi gasto en discos se ha reducido al mínimo -problemas de la economía familiar-, pero ir a Londres y no hacer un buen aprovisionamiento de discos, es como no ver a tu madre desde hace un montón de tiempo y no plantarle un par de besos...