A Alex Chilton siempre había llegado a través de terceros...

A Alex Chilton siempre había llegado a través de terceros, a través personas que le admiraban profundamente y se empeñaban en dejarlo muy claro a través de sus palabras y canciones. Recuerdo nítidamente la primera vez que se cruzó en mi camino: el momento en el que abrí la carpeta de “In Bitter Pink” de Los Bichos. Entre arabescos imposibles descifré que “Holocaust”, aquel tema que Josetxo conducía todavía un poco más al borde del precipicio, pertenecía a “Sir Alex Chilton”. Utilizaba esas mismas palabras, con una reverencia que me impresionó y me grabó el nombre a fuego.
En realidad no tardaría mucho en volver a escucharlo, porque en aquella época Munster se hartó de reivindicar su legado creo que con un disco de homenaje y (de esto sí que estoy completamente seguro) con la publicación de “Cubist Blues” que le unió a Alan Vega y Ben Vaughn y que yo no escucharía hasta unos cuanto años después, cuando lo encontré abandonado en una cubeta de saldos a mi llegada a Madrid. De cualquier forma, el legado de Alex Chilton volvió a llamar mi atención de la mano de aquel deslumbrante grupo que llegaba de Escocia y que no dejaba oportunidad para recordar que todo lo que eran se lo debían a Big Star. Eran, claro, Teenage Fanclub.
Dicho y hecho, desde mi pueblecito asturiano me puse manos a la obra y realicé mi pedido a Discos Del Sur, aquella tienda-almacén que educó a toda una generación de españolitos en la música alternativa. Era un CD que contenía los dos primeros trabajos de Big Star. Y reconozco que no me impresionó demasiado en un primer momento, acostumbrado como estaba a los fuegos de artificio, a las guitarras rugientes, a los experimentos con el sampler, a los primeros pasos de Warp. Aquello era sólo… “rock’n’roll”. Poco imaginaba cómo terminarían calando con el tiempo canciones del fuste emocional de “The Ballad Of El Goodo” o “Thirteen”, y que no podría entenderse lo mucho que he disfrutado de los dos últimos discos de Phoenix sin haberlo hecho antes con el descaro de “Life Is White” o “Don’t Lie To Me”.
De hace un tiempo a esta parte voy tomando conciencia del paso del tiempo. Y he empezado a hacerlo justamente cuando la gente que de alguna forma ha ido acompañando con sus canciones mi crecimiento personal ha dejado de caminar conmigo. Con la muerte de Alex Chilton he cumplido un año más…