Fin de semana en Barcelona...

Fin de semana en Barcelona. Y se confirman las impresiones que han ido calando en las visitas de los últimos años, cada vez más frecuentes, a la Ciudad Condal: que es una ciudad amable, en que la escena musical alternativa, independiente (llámese como se quiera) se encuentra profundamente unida, lo que con el paso de los años la ha hecho realmente fuerte. Barcelona ha pasado de ser en los tempranos noventa uno de los lugares más aburridos en términos musicales de la piel de toro, a convertirse en un territorio realmente efervescente.
Es curioso, porque le cuento esto a mis amigos allí, a Joan Luna o Sánchez Pons, y me responden sorprendidos diciéndome que no lo ven tan claro. Al contrario, esa es precisamente la imagen que ellos tienen de Madrid y de lo que sucede aquí… ¿Síndrome de Estocolmo? ¿El habitual efecto oasis que nos hace enamorarnos de una ciudad cuando escapamos unos días de la nuestra? A mí Madrid me resulta en líneas generales mucho más salvaje y devoradora, y las diferentes escenas musicales muchísimo más atomizadas y desconectadas entre sí, empezando por mi propia relación con las bandas locales. Aunque bien es cierto que ese puede ser un problema exclusivamente personal... ¡Reconozco que Joan y Xavi son infinitamente más simpáticos!
De cualquier forma, el momento del fin de semana no será ni el directo de Lo:Mueso, comentar la jugada de la entrevista con Delorean, ni ver a uno de los componentes de It’s Not Not encaramado a la barra de La 2 mientras sonaba una de sus canciones, sino algo tan poco Condal como los Psychedelic Furs.