En un Hospital abandonado en Navacerrada, a -10º C, de rodaje con La Bien Querida...

Supongo que con las listas de lo mejor del año aún recientes, decir algo que por otra parte es tan obvio como que tengo una buena amistad con Ana Fernández-Villaverde y David Rodríguez de La Bien Querida puede dar lugar a ciertas suspicacias. En realidad admiro el grado de complicidad y trato del periodismo británico para con sus músicos, algo que curiosamente, no termina de darse en España. Y mira que en cuestión de trato humano les damos sopas con honda a todos los de los Pirineos para arriba. El caso es que Ana me llamó el otro día para invitarme a participar en su nuevo videoclip, el tercero de su disco, para la canción “Los estados generales”. Resulta que la Productora que se iba a encargar del trabajo le proponía grabar una historia de corte bucólico, en la que la amante despechada leía una carta mirando por la ventana mientras esperaba a que llegase su amor. Vamos, la imagen que parece que la mayor parte de la gente tiene de Labienque. Lo que pasa es que Ana, además de tener un sentido del humor que desborda, ha crecido en Bilbao escuchando a los Cure, y esas cosas marcan… Así que propuso darle “un pequeño giro” al tema del vídeoclip, y llamar a cuatro encapuchados con bates de béisbol (y ahí es donde entraba un servidor…) para liarnos a hostias con todo a sus espaldas mientras ella canta la canción.

Al final, la Directora eligió una localización alucinante: un Hospital abandonado para tuberculosos en el puerto de Navacerrada, un lugar por el que, cómo no, ya ha pasado Iker Jiménez y el equipo de Cuarto Milenio para censar su población de fantasmas. Almas en pena o no al margen, el edificio es habitual cobijo de pordioseros, ganado, grafiteros y aficionados al botellón, y su ya imponente presencia lo era todavía más al irnos para allá en pleno temporal de frío siberiano. El interior de las habitaciones, con las ventanas rotas, estaba totalmente cubierto por una manta de nieve y la imagen parecía sacada de los promocionales de Anton Corbijn para Joy Division. Cuando anocheció el termómetro alcanzó los -10º C.

El mundo del vídeoclip, como el del cine, es el resultado de un complicado equilibrio de fuerzas y opiniones, así que incluso después de haber asistido al rodaje y haber visto algunas tomas en pantalla resulta casi imposible saber si al final el videoclip se acerca a esa glorificación de la violencia que buscaba el grupo. Entre la idea inicial de los encapuchados, el tono arty que le imprimió el equipo colocando cuidadosamente cientos de botellas de cristal para que Ana se liara a garrotazos y las rompiera en cien mil pedazos, y los ¿inevitables? primeros planos para que la artista aparezca guapa guapa, andará el resultado final. Al final no pasará la cosa por un homenaje a Einsturzende Neubauten, pero al menos disfrutamos de cierta sensación de riesgo, caminando entre un mar de vidrios rotos, en una nave abandonada y con un suelo congelado. La lista de bajas afortunadamente no fue muy alta: un operador de cámara se destrozó la mano al caerse sobre los cristales rotos y a un chico de producción se le congeló un dedo del pie tras trabajar 14 horas sin descanso sobre la nieve calzando unas New Balance de paseo. Afortunadamente la nieve dejó de caer por la tarde, la carretera era transitable y pudimos salir de allí a las 3 de la mañana bajo un cielo estrellado espectacular. Todavía se puede hacer mejor, más crudo, más real. Ahora que dicen que ya no ha dinero en el mundo de la música es un buen momento para ello ¿cierto?

PD: David cada vez se da más aire a Klaus Dinger...