lunes, 21 de mayo de 2012

oct 13

Escrito por: Joan Luna
martes, 13 de octubre de 2009 

No esperen una crónica musical del Monkey Week. Esta vez escribo para los profesionales de este país.

Todo el mundo sabe que para la crítica y para los profesionales de la industria musical los principales valores de un festival suelen medirse de una forma que apenas admite discusión. En primer lugar, la barra libre. Si la hay, la cifra de profesionales se multiplica con una facilidad pasmosa. En Monkey Week la había. Vayamos al segundo atractivo: el cartel. No podemos destacar las propuestas presentadas por el más que voluntarioso evento entre los más sorprendentes del año, pero sí podemos subrayar que, teniendo en cuenta las posibilidades no había mucho que reprochar en ese aspecto más allá del horario de los showcases, aunque de eso hablaremos más tarde. El tercer y último valor serían los debates para profesionales. Conforme vayamos añadiendo valores a un evento, la posición de los debates y conferencias bajará sin que nada lo impida en la pirámide de atractivos. Ahora bien, lo que vivimos muchos de los que nos dedicamos a esto en este Escaparate Internacional de la Música Independiente que se llevó a cabo en El Puerto de Santa María durante los días 9, 10, 11 y 12 tuvimos una revelación casi mística. Por primera vez en mi carrera profesional (si es que quieren llamarlo así) dio la sensación de que podía existir entendimiento entre periodistas, críticos, editores, discográficas, músicos, promotores, etcétera, etcétera.

No podemos quejarnos de los festivales ya asentados del territorio o de todos aquellos que han intentado antes reunir todos esos elementos en un mismo espacio temporal y geográfico. El Monkey Week lo consiguió.

Sé que a los lectores todo esto puede no parecerles demasiado importante, pero lo es. El entendimiento entre las partes (que no supone potenciar amiguismos o cosas por el estilo, como muchos apuntarán en un libre ejercicio de democracia algo desconfiada) facilitará muchas cosas. El respeto entre medios, entre promotores o festivales, el respeto por los artistas, el de estos por quienes les editan o les promocionan, el compartir que el público no está solamente en Internet, que no todos los aficionados jóvenes tienen ese coeficiente intelectual bajo mínimos que tanto gusta subrayar a los más mayores del lugar o que su umbral de atención no va más allá de esos fugaces segundos que nos quieren vender con estudios incluso más rápidos.

Hablamos de cosas muy aburridas como derechos de autor, soportes para la música, modelos de negocio, lectores, compradores, oyentes, marcas, sponsors… lo que les digo, un aburrimiento en potencia. Lo que ocurre es que algunos lo pasamos en grande discutiendo y compartiendo puntos de vista al respecto. Es cierto que nos olvidamos bastante del arte, pero casi todos lo tenemos claro. La música nos da de comer (por lo general no tan bien como muchos imaginan), pero ese no fue el motivo que nos llevó a dedicarle nuestra vida a esto. Pero no nos pongamos emotivos.

Posiblemente nadie se llevó a casa conclusiones de todo lo que llegamos a hablar entre españoles con la ayuda de algunos extranjeros (Laurence Bell, dueño de Domino, el productor John Agnello…), pero sí nacieron puntos de partida para darle fuerza a la máquina que mueve parte del negocio musical en este país o para darle un golpe de timón a las actitudes menos abiertas. No nos engañemos, si no nos respetamos a nosotros mismos como esperamos que nuestros lectores lo hagan. Lo siento, pero hiere escuchar que la música ya no cambia vidas, que la gente joven no disfruta de nada, que no existen a fecha de hoy artistas que vayan a trascender o aguantar el paso del tiempo. Las cosas no son así y la respuesta está precisamente en los conciertos, en empaparse de la excitación que muestran los más jóvenes frente a sus grupos favoritos. Solamente así habrá un futuro que huya lo máximo posible del anquilosamiento. Daniel Granados (miembro de Tarántula y Centella, además de cabeza visible de Producciones Doradas) lo resumió en una frase. No se trata de ir adaptándose a los cambios, sino de posicionarse. Esta es nuestra opción, nuestra forma de entenderlo. Son muchos ya quienes lo hacen, muchos sellos discográficos y grupos que no se agarran a clavos ardiendo. Hay un futuro para los artistas de este país y para quienes les apoyan. Hay un futuro en todo esto y ahí estaremos mientras haya excitación.

No he hablado con los responsables del festival tras abandonar Andalucia. Desconozco si ha sido un evento rentable o si están contentos con los resultados. Ellos tendrán su opinión al respecto de todos esos asuntos, pero lo que queda claro es que el Monkey Week tiene un futuro excelente por delante como lugar de reunión y debate para profesionales. Nunca antes me había sentado frente a las más importantes discográficas independientes del país juntas y revuelta, por lo que no me gustaría que esto ocurriese una única vez. Es más, me gustaría que no solamente estuviesen ellos, sino también representantes de multinacionales, profesionales de los medios considerados el diablo en el mundo de la independencia, artistas de distintos niveles y público, tanto como sea posible. Y que no falten los showcases. Si algo quedó claro es que los conciertos que más se destacaron en la programación no fueron los más vitoreados, sino todos aquellos grupos que abarrotaron las pequeñas salas, plazas y bares repartidos por El Puerto de Santa María. Estuvo muy bien ver a Kitty Daisy & Lewis, Silver Apples, Wire o Josh Rouse, pero aún más descubrir que Pony Bravo crecen paso a paso ante los ojos del público, por poner un ejemplo. Y allí, viendo a los grupos, debía estar también la prensa y todo el tejido profesional que lucha por abrirse camino en este país, algo que la coincidencia de horarios impidió (sin duda debe solucionarse en futuras ediciones), para difundirlo tanto como fuese posible. Cada evento necesita tener una personalidad propia, la del Monkey Week fue propiciar el diálogo.

 

 

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4 comentario(s) so far...

Re: Vamonos al sur

Me fascina como hasta día de hoy no se había tirado adelante una iniciativa como esta. La música, como cualquier otra indústria necesita profesionales decentes que definan el futuro del sector, y mucho más ahora, cuando todo está tan incierto.

Por desgracia no pude acudir al Monkey Week, sin embargo estoy seguro que el año que viene no faltaré!

Por Arnau en   martes, 13 de octubre de 2009

Re: Vámonos al sur

Yo sí estuve, ¡y el año que viene no falto ni loco! Si esto sigue creciendo a su ritmo, seguro que se conseguirá algo muy grande. Joan, estoy contigo: HAY UN FUTURO EN TODO ESTO.

Por Pipol en   jueves, 15 de octubre de 2009

Re: Vámonos al sur

Ole. Muy bien definido y resumido. Habrá más ediciones. Por eso no te preocupes. Un abrazo

Por Juan Santaner en   jueves, 15 de octubre de 2009

Re: Vámonos al sur

Yo esuve ahi y la verdad que lo de los showcases fué todo un éxito, eso de ir sala en sala o de plaza en plaza, siempre con bebida en mano y ver 30 minutitos de cada grupo era un caramelito! Luego lo del festi de noche ya dejaba un poco mas que desear...

Pero estoy con todos... Esto va a ir pa'lante... Como primera edición dió un muy buen sabor de boca. Monkey Week se va convertir en el SXSW estatal!!!

:)

Por nacho yoldi en   martes, 03 de noviembre de 2009

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